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El Rincón MagníficoTinta Crítica July 02 "Ahora vuelvo..."Podrán pasar miles de años... Tres glaciaciones más sin un mamut malhumorado, un perezoso simpático y un dientes de sable orgulloso. Conoceremos un Doc que nos teletransporte en el tiempo y el espacio. Podremos legar a nuestros hijos la carga del cambio climático.
Podrá llegar el Armageddon sin que Bruce Willis pueda evitarlo. Nacerá una nueva generación de dinosaurios no controlados por Spielberg. Volarán por doquier los vehículos motorizados. Y nuestras pituitarias terminarán acostumbrándose al dióxido de carbono.
Podrá Madrid tener playa al derretirse los casquetes polares. Y durarán más de un minuto los casquetes matrimoniales. Podrán subir de tono las voces de los necesitados. Llegará el día en el que follar salvajemente y quererse vayan siempre de la mano.
Podrá sustituirse la capa de ozono por una de metacrilato. Creceremos sin saber qué coño es eso del miedo al fracaso. Desaparecerán de nuestros pies los pobres dedos meñiques. No hará falta tanto palique para dormir acompañados.
Llegará algún día en el que la banda ancha se quede estrecha. Llegará un momento en el que se secarán todas las lágrimas del planeta. Dentro de poco un Bender sarcástico barrerá nuestros salones. Dentro de nada los condones serán todos estriados.
Podrán pasar miles de años… pero Diana seguirá siendo una sucia prostituta materialista. Y la lista de Billie Jean se quedará siempre sin su premio. Curar el mundo, el menor de nuestros problemas. Y soñar en blanco y negro será lo menos racista a lo que aspiraremos.
Porque hay cosas que nunca mueren... y creer que una lápida es el fin de su existencia, craso error. Si nos acercamos de puntillas y observamos con cuidado, se podrá leer en su epitafio: “Ahora vuelvo…”
A Michael Jackson, Y a todas las leyendas inmortales. June 18 Especies en peligro de evolución
Te admiro, Charles. Tus teorías lograron ahogar los gritos de los fanáticos religiosos. Azotaron los cimientos de una sociedad anclada, enferma de ideas utópicas. Y algo mucho mejor. Reescribió la quebradiza historia que pretendía hacernos tragar el creacionismo.
Pero tus teorías tienen fecha de caducidad, Charles. Asumo el rol de producto perecedero, comulgo con la filosofía de las latas en conserva que me rodean y sus preciosos circuitos sexuales. Soy humano, Charles, resultado de la última fase evolutiva de tu simio prototipo, la evolución más retrógrada entre las especies.
Soy un egoísta que no tiene remedio. Busco como primer objetivo la satisfacción personal, llevarme el premio por delante del resto. No me importa pudrirme entre montañas de riqueza mientras el resto de la humanidad se muere vacía. Lo tolero, Charles, y mi sangre fría me hace creer que ésa es precisamente la sensación general. Lucho, con mis canciones y discursos defiendo un sistema diferente, un núcleo más unido, libertades sin constituciones ni grilletes, la muerte del dinero. Pero también soy un hipócrita, Charles. Lo que con tanta vehemencia exijo, se consume en las caladas de mis habanos, se marchita en mis conciertos con el precio de la entrada. Y me devora la trampa de autoengaño que yo mismo he creado.
Soy también un insolente patógeno. Miro con prismáticos por encima de mi hombro, y atisbo moscas tan diminutas que le hacen cosquillas a mi ego. Me cuelo por envidia en propiedades privadas y lanzo huevos por sus ventanas. ¿Por qué los celos activan el instinto de supervivencia, Charles? Reacciono ante la vida cuando veo que los demás han podido hacerlo, tomar sus propias decisiones, asumir responsabilidades optando por uno u otro camino. Ya no existe lo auténtico, todo nace por imitación del entorno. Quizás sea el último legado de nuestros antepasados simiescos.
Soy débil, aunque pretenda escudarme tras un férreo caparazón. Es difícil ser fuerte cuando me tengo que despedir de alguien. Es difícil ser fuerte cuando no he conseguido levantarme de un error. Es difícil ser fuerte cuando no soy el mejor en lo que hago. Es imposible ser fuerte cuando estoy solo. Pero me cuesta admitirlo, Charles, y ése es el problema. Estoy cansado de que me muestren las virtudes y me escondan los defectos, todo debería tener algo que enseñarme. Y parece, desgraciadamente, que ocultar mi cojera es el secreto del éxito. Mientras tanto, Charles, tú y yo caigámonos mal. Acabaremos llevándonos mejor.
A mi alrededor estallan las bombas y las guerras subversivas. Me rodea inmundicia que viste de etiqueta y convoca mítines. Se odia al vecino por comprarse el coche tan caro que uno no puede permitirse. Se extinguen razas para evitar los cinco grados a la sombra. Se decapita por venganza. Se asesina por celos. Se critica por envidia. Nos meten el miedo a presión. Se crece con miedo al qué pensarán. Se actúa con miedo al fracaso. Y ni siquiera la inexorable muerte se trata con dignidad.
Charles… mientras los simios disfrutan quitándose pulgas unos a otros, devorando plátanos y haciendo el amor, resulta terriblemente paradójico pensar que, la evolución del ser humano, le conducirá irremediablemente a su extinción…
A Darwin May 09 Sueño 4-Otro whisky. El joven camarero le observó atónito. -Pero si ya se ha tomado más de veinte. -Cállate y pon otro maldito whisky.-espetó. El muchacho se quedó unos segundos admirando al tipo solitario, visiblemente sorprendido de que alguien pudiera beber tanto. Después se dirigió con cara de asco hacia el estante de los licores. Tambaleándose, el hombre se colocó la gorra ocultándose aún más bajo su sombra. Apestaba a tabaco y sudor. Sus cejas se arqueaban con impulsos inquietos mientras mantenía los ojos vidriosos levemente entornados. Se rascó la barba de 3 días mientras sacaba otro cigarro del bolsillo de la gabardina. -Aquí tiene. -Bien. Lárgate. El camarero huyó nervioso hacia el interior de la taberna, que ya estaba vacía. Sacó las cerillas y se encendió el pitillo, cuya primera calada le hizo toser con violencia. Cogió el vaso y se bebió el chupito de un trago. Le dolía el pecho y se agarraba fuertemente el costado mientras fumaba con un ansia desmedida, que le hizo toser otras tantas veces. Aún pudo ver cómo en uno de sus gargajos escupió una sangre densa y oscura, que le mantuvo impertérrito. El camarero volvió a aparecer, esta vez acompañado de otro hombre grueso. Se acercaron al tipo, que aún gruñía tras la última tos, y le tocaron el hombro. -Voy a pedirle amablemente que se marche del local.-dijo el nuevo. El hombre soltó una risa pútrida y alzó la cabeza, mostrando sus duras facciones. -No me sale de los cojones.-gruñó. El gorila agrietó la cara y levantó el puño, justo en el instante en que el tipo metió la mano en la gabardina y sacó una recortada negra y reluciente. Sin mediar palabra, apretó el gatillo apuntando a la cabeza del gorila, volándole los sesos. Los fragmentos de masa encefálica salpicaron las botellas del estante y la cara del joven, que tras un par de segundos de estupor salió corriendo y gritando como un niño asustado. El hombre giró el arma, la cargó y disparó una vez más, esta vez atravesando al camarero por la espalda. Volvió a agarrar el cigarrillo que había dejado en el cenicero de su lado y le dio una última calada, antes de levantarse entre tumbos y aplastarlo con las botas camperas. Se dirigió a la caja registradora y la estampó contra el suelo. Se agachó tras hacerla pedazos y agarró todos los billetes. Después salió del bar, no sin antes encenderse otro pitillo. May 06 Letra pequeña
Religión, o la mentira mejor diseñada de todos los tiempos. Mentir, o necesidad biológica políticamente incorrecta. Necesidad, o falta de valor para enfrentarse a nuevos retos. Valor, o cualidad matemática que indica el momento exacto en el que debes pasar por encima de tus rivales. Matemáticas, o ciencia tramposa en la que uno más uno no siempre da dos. Trampas, o coger macarrones bajo la mesa jugando al poker entre amigos. Amigo, colega con el que no importa compartir más de una caña a la semana. Colega, persona que aún no ha conseguido decepcionarnos. Persona, humano susceptible de actuar con hipocresía. Hipocresía, o disfraz barato utilizado para no dejar desnudas las miserias. Desnudos, así estamos todos más guapos. Belleza, o eufemismo de querer llevarse a alguien a la cama. Cama, o lugar idóneo para hacer el amor. Hacer el amor, follar. Follar, o demostrarse carnalmente quién domina la relación. Relación, o único estado en el que ceder es generalmente la más aconsejable de las opciones. Ceder, o morderse la lengua y bajarse el orgullo hasta los tobillos. Orgullo, o arma de doble filo y primer paso hacia la autoestima. Autoestima, o casilla número uno en el juego de la vida. Sí, ese en el que el premio es alcanzar nuestros objetivos. Vida, aprender a crecer. Crecer, aprender de los errores. Errar, aprender a arriesgarse. Arriesgar, o casilla número dos en el juego de la vida. (Nota: No confundir crecer con madurar…) Madurar, o hacerse cada vez más aburrido. Mucho mejor, hacerse cada vez más viejo. Viejo, o aquello que no tiene absolutamente nada que ver con la edad. Nada, antagónico de todo. Todo, lo que daría por ti, princesa. Dar, o actitud pícara por la que siempre se espera recibir algo a cambio. Esperar, o momento adecuado para cagarte en la persona que esperas. O en las personas que van delante tuya. Tuya es la decisión de seguir leyendo hasta el final. Pero si no lo haces, te arrepentirás. Arrepentirse, o la manera de fingir más sutil para echar un polvo post-discusión. Sutil, coleguita del ingenio, el sarcasmo y otro puñado de elementos mal vistos en sociedad. Sociedad, o manada de borregos que se cruzan sin dirigirse la palabra viviendo todos bajo el mismo techo. A palabras sordas, oídos necios. Necio, cualquiera que no sepa lo que es una inyección intracitoplásmica nuclear. Saber, autoengaño bastante efectivo para rebatir a los demás. Autoengaño, o conformarse con la idea de que algo no se puede hacer mejor. Idea, o eyaculación precoz de pensar en voz alta. Pensar, consumir más segundos en diseñar un plan. Plan, conclusión que casi siempre sale mal. En continua lucha con la improvisación. Improvisar, o exponerse en pelotas a fallar y rectificar a tiempo. Rectificar, creer que algo sale mal por no haber sido planificado. Creer, o lo que piden las religiones para adorar a sus mesías. Y la religión… La religión es una cosa de la que no me apetece hablar. April 23 Rapsodia de una parodiaAmigo, tienes suerte, estás coqueteando con la muerte en su propia casa, y ella ni se inmuta. La muy puta reparte dosis de cicuta a sus clientes, a ti te tiene con los dientes largos. Tu mente se retuerce desesperada por verte lejos, deja de hacerte el valiente, no eres fuerte, no eres más que el último resquicio de lo que caga mi ingenio.
Amigo, estás perdido, tengo firmado un convenio para darte por vencido cuando me salga de los huevos. Estás vendido, tendido a la sombra abandonado, salpicado de desprecio. ¿Y aún tienes la jeta de caminar recio? Necio, estás avocado al estanque más profundo del pozo más inmundo y abismal del planeta.
Amigo, tienes a la estupidez besándote los talones, no descuides tus cojones o te los robarán a mordiscos. No desprecies tus montones de papiros, o los vampiros tragasangre de tu entorno te comerán vivo. Despierta amigo, estás dormido y te meas en la cama, la idiotez te llama, ábrela la puerta y orínala encima.
Amigo, alcanzaste la cima, ya eres el más ridículo del mundo. Tú dices que no importa: bien, te secundo, me subo a la tarima de mis letras y te fundo, hundo con mi rima tu apariencia, eres el proyecto más exacto de la ciencia del fracaso, hazme caso, tu valor es más escaso que el de la mierda pegada a mis zapatos.
Querido amigo, te has convertido en la parodia del enemigo, en el mendigo de disfraces más sutil del universo. Soy perverso, no te pongas terso conmigo, tu bajeza me ha conmovido, consumo mi último verso con un presagio: sonreiré entre el humo de tu naufragio.
Para aquellos que se hacían llamar amigos. Un lugar perfectoVámonos lejos del ruido a nuestro alrededor, que no sepan dónde buscarnos. Cuenta un descuido de las horas y congela el reloj, que no nos hace falta. Hoy el mundo entero es nuestro, no hay que echar el freno. Tenemos billete eterno a donde tú quieras, pase libre a todos los rincones del planeta.
Vamos a fugarnos los dos a Viena. Tengo listo tu vestido favorito en la maleta. Fuguémonos ahora mismo, en medio de la noche, sin ser vistos. Aparezcamos allí en un suspiro, en un giro de veleta.
Escapémonos juntos a tu playa preferida. Llévame a Lanzarote para acostarnos en la arena. Descubramos alguna cala perdida, que sea sólo tuya y mía. Que tus ojos de muñeca brillen a la luz de las estrellas.
Volemos a bajo coste sin destino escrito. Subamos al primer avión que despegue en la mañana. Que nuestros planes de viaje sean siempre una sorpresa. Y las horas de tenerte se disfracen de semanas.
Llévame a Granada con los ojos vendados. Quiero enloquecer a solas con tu boca de fresa. Perdámonos en sus calles hasta que amanezca. Y despertemos en Malta, con el Sol iluminándonos la cara.
Vámonos despacio, que tenemos prisa. Nadie nos espera a la vuelta de la esquina. Hoy el mapa entero es nuestro, sin barreras y sin tasas. Hoy tienes tus deseos al alcance de la mano.
Llévame contigo al fin del mundo, sin pensarlo. Y antes de vendarme los ojos, recuerda… que el lugar perfecto para soñar, es a tu lado…
A ti March 10 Actúo, luego existo
Me tienen, con su impaciencia, harto las neuronas. De vez en cuando las barro debajo de la alfombra sin perder detalle del ambiente, donde flotan feromonas. Y si la sinapsis encadena dos segundos más de dilación, se desintegran.
Y quieren perderse, ignorantes, el dulzor de lo impulsivo. Listas, quieren demostrarse, demostrarme, que ellas llevan la razón. Y la llevan. Pero no se divierten tanto pensando, cuando, llegando a la fiesta, yo ya bailo ebrio en el medio de la pista.
No pienso en ocasiones, pero existo. La reflexión se inventó para las tres de la mañana, comiéndose el techo, tumbadito en la cama. En momentos previos, hiberna. Y no merece la pena buscarla, porque aburre e incomoda una barbarie.
No hago caso a mi sesera en situaciones puntuales. Es mi liebre que sestea a la orilla de la meta, confiada, fantaseando de una victoria asegurada. Y la tortuga de mi ingenio la rebasa sin problemas.
No razono con las millas que hay de mi cuarto a las antípodas. No hago yoga ni pretendo adecuar mi temperatura corporal a la de Bratislava. No me tiembla el pulso si me voy solo a Tarifa. No medito sobre la licitud de crear mis propias modas.
Soy el chiste de Tarantino: “piensa-polla-vaso, vaso-piensa-polla”. Y decido mearme en el barman. Me agarro al clavo ardiendo de arrojarme al vacío y caer sobre un mullido sofá acolchado. Me fascina coquetear con el riesgo.
El regusto de lo efímero, aunque oculto, es sabroso. Y no viscoso si se sabe amortizar. Por eso prefiero aprovecharlo y exprimirlo, sin planear futuros eventos, con la baza de saber que, quizá después, ya sea demasiado tarde.
Las oportunidades son fugaces, no esperan que pidamos un deseo. Racanean con el tiempo que te otorgan para tomar la decisión. Caso omiso y rapidez de reflejos. Más vale arrepentirse de lo hecho que de lo que nunca se hizo…
Para los que disfrutamos actuando antes de pensar… December 01 La incomprendida puerta de atrás
No comprendo cómo lo más útil de la vida también huye… haciendo honor a su apellido. Sin traicionar a sus ancestros, nos ampara. Esquivando cualquier místico motivo o devoto afán de protagonismo. Nos regala la posibilidad de escondernos un suspiro interminable, no vaya a ser que nos agobien voces que no queremos escuchar. Hoy, más que nunca, agarro el frío pomo de la puerta de atrás.
Atrás, donde la cavernosa estancia deja sitio a verde campo. A edén intravenoso. Y las lenguas bífidas que invitan a manzanas se atragantan. Y la calma se apodera de la alarma y toca el claxon, pide paso. Donde escapo cuando todo está perdido, a buscar nuevos cartuchos. Donde huyo cuando todo está ganado, asfixiando los segundos.
No es traición su cometido, es más, oxigena. Que los que tachan a mi puerta de cobarde se merecen un espejo, y que el reflejo les desnude sus miserias. No es indigno el frío pomo, no es ingrato el ademán, es necesario. Y mi cobardía sólo da la cara si yo le doy la espalda. Mejor afrontarla y ganarla en una partida de mus.
No es cobarde el arriesgarse a cruzarla, es heroico. Retar al azar, espontáneo, suculento. Y nutritivo para las voraces mentes aventureras. Que los que humillan a mi puerta se merecen el castigo de privarles de su aire. Y cuando las rocas de su cueva les tape la salida, que no hallen válvula de escape.
Hoy más que nunca agarro el pomo de la puerta de atrás. Para que, quizás en medio suspiro, te encuentre de nuevo tras ella… September 27 Esta vez...Detente, maldito reloj. Echa el freno de una vez y tómate un eterno descanso, dame un respiro. Ya no me das miedo con tu rumbo ingobernable, ahora simplemente te odio. Detesto tu prepotencia ilimitada, aborrezco tu tiranía, maldigo la misión que te han encomendado. Borra ya tus huellas del camino, sosiégate, estáncate, entiérrate vivo y muere acompañado de la soledad más funesta.
Púdrete lentamente, malvado reloj. Deja de agobiarme con tu marcha fúnebre y lárgate por donde viniste, ralentízate hasta extinguirte. No dejaré que te conviertas en el macabro acicate que controla mi existencia, duérmete arropadito con cicuta, erradícate. Esta vez serás tú mi marioneta, olvídate de los hilos que con tanta vehemencia has utilizado para controlarme. Carbonízate, proxeneta de las horas. Arde tan despacio que la agonía sea sólo tu principio. Fustígate, desángrate, sufre como tú me hiciste sufrir antaño. Ya no asusta tu tictaqueo insaciable, sólo das asco y repulsión. Huye con el rabo entre las piernas, consúmete lejos, donde nadie quiera encontrarte, donde nadie quiera buscarte. Agótate, amo del tiempo. Deja que se derritan tus manijas a la sombra, sofócate, angústiate mientras te carcomes por dentro. Esconde tus fauces y vacúnate con cianuro, calcínate, congélate en el infierno. Y querrás volver, sucio reloj. Querrás regresar tan de rodillas que la súplica será sólo tu embrión. Necesitarás alimentarte de nuevo del miedo, ser abyecto y despreciable, y volverás acobardado a reclamar lo que es tuyo. Pero no te dejaré, esta vez no. Esta vez seré yo el hijo de puta que te utilice hasta asfixiarte. Al maldito paso del tiempo. September 09 Sueño 1
Diez Sale el cuco por segunda vez Aún no puedo moverme, una copa de ron yace a mi lado Mientras fumo un dulce pitillo Y saboreo una amarga victoria
Nueve Desde su charco de sangre, me mira Con ojos vacíos como pizarras y el rostro sereno Ya no sonríe como sabía Ya no llora como debía
Ocho En la calle retumban gritos Una chica inocente va a ser violada tras la esquina A lo lejos aúllan molestas sirenas Pero no perturban mi descanso
Siete Qué oscura está la noche Por qué la luna de queso parece que se burla de mí Por qué la odio y quiero agujerearla Por qué tengo esa necesidad
Seis Logro levantarme a tumbos y vuelco la copa El ron hace el amor con su sangre Apesta Escupo encima de su pecho reventado
Cinco Mi pequeña duerme en el mullido sofá gris Estaba exhausta después de su trabajo Me pongo de rodillas a su lado Y la acaricio el lomo
Cuatro “Ya está, princesa, ahora tienes que curarme a mí Te pido un último baile Un último beso, que se joda la luna Que se jodan los sueños”
Tres Sale el cuco por tercera vez Agarro a mi pequeña con ternura, coqueteamos Me sonríe La sonrío, es mi turno
Dos Ya no hay gritos en la calle, ya estoy sólo Con aquel saco de carne yerto Con la estúpida de la luna con mi niña y mi tabaco
Uno Juro no sentir dolor en aquella habitación Mientras sus ojos abismales me observan Mientras saco el último cigarro Mientras flota el silencio
Cero Mi pequeña me besa en los labios, está impaciente Abro la boca, “te quiero, princesa” Aguanto la mirada de los ojos abismales Aprieto el gatillo Y el estampido llenó el mundo. August 21 Menstruación Global
El universo se rige por medidas abstractas. Baremos incalculables, impredecibles, inefables, la mayoría disfrazados de estúpidos pasatiempos que nos mantienen ocupados mientras en otra parte del planeta alguien nos odia o nos ama. O eso dicen algunas cadenas de emails, habrá que aferrarse a algo. En algún otro lugar de esta dimensión alguien está haciendo lo mismo que yo, leyendo el periódico y escribiendo en pijama, buscando descifrar esas misteriosas pautas que encarrilan el género humano hacia el cielo o el infierno, nunca lo sabremos realmente.
El problema viene cuando las pautas se ponen de acuerdo y deciden manifestarse a la par, como una estampida de elefantes furiosos, una supernova. Así explotan las estrellas, como las mujeres, porque ellas sí pueden pactar con garbo, en secreto o a voces, cuándo cambiar las reglas y gobernar a su antojo. Cuenta la mitología de nuestro siglo que si todos los chinos saltaran a la vez la Tierra se desplazaría de su órbita, provocando catastróficas consecuencias. Esto es muy serio. O no. Depende de los chinos. Pero de quien debemos tener miedo es de ellas. Cuando todas fruncen el ceño y agrietan los labios llegamos al culmen del Apocalipsis. Es la llamada Menstruación Global.
En ese punto, donde cualquiera de ellas dispara obuses con la mirada y escupe sapos, es mejor escapar, lejos, muy lejos. Incluso rezar. Porque no se puede negar su evidente sexto sentido para hablar y asesinar con un leve vistazo. Ni tampoco su capacidad extraterrestre para levantarse de mal humor y acostarse aún peor. En lenguaje masculino, casi soezmente, se diría que les acaba de bajar el período. Tampoco se puede negar. El fatídico día de la Menstruación Global ocurre cada muchos años, como las glaciaciones, pero es un fenómeno que se acrecenta con el paso del tiempo, con el cambio climático y la expansión del bakalao. Ya se nos va de las manos.
Y es que, aunque se atrevan a desmentirlo, todas siguen el mismo manual de instrucciones. Por eso no es de extrañar que mañana mismo se dé otra Menstruación Global, azotada por el “todos-los-hombres-son-iguales” o por el amigo mascota que las agobia en silencio. Si se alinearan los planetas, las hienas rugieran a los leones, los chinos saltaran juntos y abrazados y dios existiera, es entonces cuando merecería la pena lidiar a su lado. Mientras tanto, aguardemos aterrorizados a que el manual que llevan bajo la axila tres mil quinientos millones de mujeres se abra al mismo tiempo… July 12 Tormento
Ya me lo han dicho en bastantes ocasiones (la última hace escasas horas) y sigo sin hacer caso. Me he equivocado de profesión, sentencian. Yo permanezco impertérrito, por lo menos aún. Pero cuando uno tiene tiempo para reflexionar en estado de relajación, tumbado en la cama vamos, comienzan las llamadas “voces del tormento”, algo así como una batería de cavilaciones nada alentadoras. No hay más que ver que todas las chicas de OT cuyas voces no dan ni para formar parte del infame Al pie de la letra, ya se han despojado de sus ropas en Interviú y se han embolsado un buen taco para sus vacaciones veraniegas.
Esto no es algo nuevo, pero las voces del tormento son cada vez más graves y lúgubres. Y es que ya se apuntan a la sesión fotográfico-lasciva las de Gran Hermano, las políticas, las cantantes, las árbitros de fútbol, las nadadoras profesionales, las vedettes de los 70, las modelos fracasadas, las modelos de millonettis, las militares, las actrices deplorables… una infinidad ya saben cuál es el valor de sus carnes, y no es precisamente un módico precio.
Pero posar en las revistas tal y como vinimos al mundo necesita que los demás, pobres corderos degollados esclavos de la lujuria, compren esas publicaciones. Aunque bueno, potencialmente están adquiriendo una prueba fehaciente de que el Photoshop funciona, con errores catastróficos en la mayoría de los casos y justificando que aunque a muchas monas las vistan de seda, gorilas se quedan. ¿Será un error el ser periodista? ¿Es más fácil someterse en pelotas a la tiranía de la opinión pública para sacarse los cuartos? ¿Y agacharse debajo de la mesa del jefe?
No sé las respuestas a las preguntas del tormento, pero las voces angustian más que aquellos agoreros de los que hablaba al principio. De hecho, yo ya me estoy planteando ponerme pechos, quitarme el miembro y saltar a la palestra del casposeo de los 2 rombos. July 11 Engaño
Con franqueza diré: Nos están engañando. Así de fácil es decirlo, lástima que sea tan complicado de digerir. Primero leo por ahí que el cine español ha recaudado este semestre el doble en taquilla que el año pasado durante el mismo periodo. Hasta ahí vale. Pero veamos las películas: Mortadelo y Filemón: Misión salvar la Tierra, 7,7 millones de espectadores. Sería perfecto si no fuera porque todos esos espectadores se tiraron de los pelos a la salida del cine tras haber tirado 6 euros a la basura. Los crímenes de Oxford, 8 millones y pico. Según su ficha es una coproducción de… ¡3 países! Pero Dios me libre de mancillar el sagrado nombre de Álex de la Iglesia. Aún así la noticia no sé que pretenderá, no se puede resucitar a los muertos y nuestro cine ya disfrutó hace mucho de su sepelio, algo cutre por cierto.
Pero esto no tiene nada que ver con el asunto de hoy, sólo es algo que necesitaba destacar. Lo que sí interesa es el engaño, ese concepto tan sutil y tan patógeno para los feligreses. Muchas veces es un auténtico honor tratar con un embaucador profesional, por su capacidad para fascinarnos con sus historias y su enorme facilidad para creerse sus propias mentiras. Pero hay que tomárselo con filosofía, imaginando por ejemplo que estamos asistiendo a una obra de teatro callejera.
El engaño es como eructar ruidosamente en un restaurante. Todo el mundo puede hacerlo, pero es políticamente incorrecto. Sin embargo, los gases del estómago son muy traicioneros y les gusta hacernos creer que pueden hacernos reventar si no los expulsamos. Así que uno decide, o revienta o comete un acto impuro. El engañar es una necesidad biológica, un puro trámite de los propósitos. Y es algo que puede llegar a convertirse en parapeto o en bayoneta, según el don de gentes de cada uno.
Fe de erratas: El cine español sí puede resucitar, y sin ningún tipo de ritual macabro. No hay más que grabar el día a día de los vendedores de humo que nos encontramos tras el telón. Yo lo financiaría, desde luego. El problema es que nosotros mismos podemos convertirnos en los protagonistas. July 09 Estrógenos
La especie femenina siempre ha sabido sobrevivir a su entorno. Ya fuera por debilidad de sus adversarios como por picardía propia, lo mismo da, el fin siempre justifica los medios. Y es que ellas se esconden y golpean como un púgil novato, tímido con los puños pero sorprendente en sus estrategias. No es fácil cansar al otro y vencer en la batalla psicológica, cuando el público bosteza, cuando el árbitro no mira, cuando se va la luz en el cuadrilátero. Cuando menos te lo esperas.
Digamos que sus armas son las mismas que las del mosquito. Un puñal y un zumbido. El zumbido avisa de que viene, pero el picotazo siempre molesta después. La picadura no acepta paliativos y no distingue de víctimas, no importa cuánto logres evitarla, siempre llega alguna. Y será cuando esa mosquito quiera, no cuando estemos con el insecticida preparado. Es prácticamente imposible salir airoso de un encontronazo con una de ellas, porque sus artimañas para la supervivencia son dignas de elogio.
Debe ser algo de los estrógenos lo que nos hace a los hombres seres inferiores. Por fuerza de voluntad, por dejarnos llevar por la corriente, por nadar contra ella, por buscar demasiadas excusas cuando los mosquitos no las toleran. Ellos vuelan y atacan unilateralmente, no necesitan huestes ni peones para vencer. Hay que emular su astucia y actuar pensando en el siguiente movimiento, sin preocuparse del qué dirán, del cuándo lo dirán, del porqué.
Son tantas las razones por las que nos acabaremos extinguiendo, sexuales o no, que me he construido mi propia trinchera de papel, me convertiré en un auténtico ermitaño de las letras. Siempre he dicho que el ser humano se encuentra en un proceso gradual de desaparición, y no me equivocaba: Los mosquitos dominarán el universo. Ciclos
En medio de la algarabía popular por los éxitos del deporte español, las mentes inquietas nos planteamos una serie de dudas existenciales. ¿Formará esto parte de alguna estratagema política para unir al país? ¿Por qué dice más de uno que gritar el vivaespaña está sólo bien visto en los periodos de bonanza deportiva? ¿Cuándo es la fecha de caducidad del lema Podemos? ¿Se regenerará la economía por estos triunfos? Son muchas las preguntas y variopintas las respuestas, aunque por suerte a la mayoría no interesan demasiado.
Desgraciadamente, la vida nos envuelve con sus ciclos. Los que perdieron la memoria por golpe, despiste o falta de ganas, ya no recuerdan aquellos momentos de crítica general, donde la lluvia de insultos ahogaba a los que hoy son ídolos de masas. Ayer eran un atajo de inútiles, una panda de vagos y maleantes, un grupillo de acabaos. Resulta curioso comprobar hasta dónde llega la bajada de pantalones de la afición, tan aburrida de los fracasos que un solo triunfo mitifica a los repudiados.
Pero resulta aún más cómico que nadie se haya dado cuenta de este asunto, o que nadie haya querido resaltarlo, todo es posible, el espanto ya no me duele. Ni hace un año eran tan malos ni hoy son tan buenos. Ahora las encuestas corroboran este giro brusco de opinión. Nuestra selección de fútbol ahora derrocha magia, sienten la roja con una pasión envidiable, juegan como un bloque unido y compacto, se merecen lo que cobran… en fin, todas esas cosas que censurábamos de los jugadores y que hoy se han transformado por completo.
Pero la metamorfosis es un proceso lento y costoso, y requiere un mimo demasiado especial como para tomárselo a la ligera. Racha magnífica, época dorada, sí, lo que quieran, pero nada es eterno. Lo que sí debe ser constante es el baremo a la hora de juzgar. April 14 En un lugar de la cancha
En un lugar de la cancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, No ha mucho tiempo que la magia murió en empeño. Nació el sueño y voló la pasta, malgasta la casta el rival más fuerte, la magia sudaba, Calaba de improperios los pitidos absurdos, Secuestraba a los kurdos entre sus propias montañas, Les quitaba las legañas a base de puntos en las brechas, Les abría la cabeza bajo el grito de Unipaja. Eran quince los hidalgos de los de lanza en astillero, Eran quince perros perdigueros, la mitad de treinta amantes, Demasiados gigantes para tan pocos molinos, maldijeron. Se metían en las grescas los abuelos, despotricaban, Arrullaban entre ellos: “Malditos unipajeros, Tan dispares, tan enanos, tan poco ruido y tantas nueces.”
En un lugar de la cancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, No ha mucho tiempo que la magia murió entre copas. Se lavó la ropa y se tendió el sueño, soñando con otro año bien parido, con siete meses de ladridos, Cuatrocientas canastas con sus respectivas jugadas, Setecientas citas en la Villa, mil cervezas en el chino, Otro gusanito lanzado por el presi, más abuelos, Menos pelo en pecho y más cachorras en las gradas. Las hadas y los carteles anuncian: “Los héroes del Unipaja, Llegaron, vieron, vencieron y volverán más recios.” Necios aquellos que piensen lo contrario, Conocerán nuestras andanzas hasta en el extrarradio, Vendrán más dulcineas y todos nuestros sanchos, Para que a lo ancho del globo relaten nuestras proezas. February 27 La jauría de perras del hortelano
Cuenta la leyenda la existencia de una manada de perras adiestradas para el incordio malsano y malparido, con tensas miradas y fauces babeantes de resquemor voluble y frívolo que quemaba cual ácido de laboratorio. La jauría de canes avanzaba en grupo, como astutos velociraptores entrenados para la caza, porque precisamente eso era lo que hacían, gruñir, morder y cazar, en ese orden. Podían también ir solas pero siempre se detectaban unas a otras husmeando el aire, hinchando la vena aorta por presión y rugiendo ferozmente. Era su modo de aullar y de orinar en las esquinas, su manera de marcar el territorio y ampliarlo a su antojo. Como si el terreno y todo lo que hay en él, tuviera vida o no, fuera gratuito y frágil. Eran las perras del hortelano.
Cuenta un amigo que un día pudo ver a las perras del hortelano. “Eran muchas”, me juró, casi entre lágrimas. “Y daban miedo”. A decir verdad no le creí, eran sólo una leyenda contada en voz baja entre los pastores más ancianos de la comarca. Pero ahí estaban las lágrimas de mi pequeño compadre, artístico vendedor de humo pero justo y poético en sus franquezas. “Me miraban con rabia, sentía que me odiaban. Y babeaban”. Me llamó por el móvil y entre birras se desahogó. Realmente no sabía que decirle, puesto que yo nunca las había visto, así que me limité a darle la razón como a los locos.
Pasó un tiempo y pasaron dos. La comarca florecía entre algodones y los ancianos acumulaban años, fragmentos empíricos de altibajos emocionales cíclicos. Algunos despertaban cada mañana en una cama diferente, otros se enamoraban y arruinaban su vida por desesperación. Los más bravucones se endurecieron como el cuarzo y los más románticos sollozaban a la sombra de una higuera por los amores perdidos. Todo era normal, podría decirse que incluso bello. Pero la leyenda se disparó de nuevo como un obús del cuarenta y siete cuando varios ancianos comentaron en su círculo de amistades que habían visto varias sombras merodear la comarca. Sombras con un aura malvada y carnívora, si es que tal adjetivo puede servir para describir semejante fulgor.
Dormía yo plácidamente cuando recibí una llamada. Mi amigo quería tomar unas birras en su casa, lo que implicaba una nueva charla. Acudí presto a la cita y, en la lejanía, pude observar horrorizado como una cuadrilla de animales rodeaban su edificio, acechándolo mientras rugían con furia y un recelo mezquino que apestaba a la legua. Pero en esta ocasión el tipo sonreía en la ventana. “¡Ya no las tengo miedo!” gritó. Besó una fotografía colgada cuidadosamente en el alféizar y, de la nada, sacó una recortada con un cañón largo y reluciente. Apuntó con cuidado y le voló la cabeza a cada una de aquellas criaturas, que aún decapitadas agujerearon el suelo con su sangre avinagrada y corrosiva. La leyenda de las perras del hortelano había muerto. Ya nadie gruñía, ni mordía, ni cazaba, porque a todos los ancianos les daba igual. El miedo estaba enterrado y nació una nueva justicia poética: la de la foto y la recortada. January 25 Los hombres de Paco y su involución
Casi novecientos días después de su estreno, con más de cincuenta episodios a sus espaldas y un elenco de actores que se antoja exquisitamente cómico, los compinches de Paco Tous (bueno, sus guionistas) han decido tirar por la borda todo el esfuerzo empleado para convertirse en líderes de audiencia en el prime time del día de su emisión. De nada sirve que Michelle Jenner siga siendo la “lolita de la tele” y que Hugo Silva continúe desatando suspiros sexuales entre las adolescentes, ya no son incentivos suficientes para imantar a su audiencia y la muerte se aproxima. Ya se huele la putrefacción incluso antes de la descomposición, cosa mala para los aristócratas fieles a la serie.
Sentencian los sabios teleadictos que la excelencia de una serie no es perpetua, se marchita con el paso del tiempo y su trayectoria es en espiral, como si su destino estuviera irremediablemente avocado al fracaso. Esto puede darse, por ejemplo, cuando el guión se repite hasta la saciedad y hastía a los espectadores, cuyo número irá disminuyendo poco a poco en proporción a su nivel de hartura. Pero éste no es el caso de la serie de Antena 3, especialista en inmolar productos para alcanzar el éxito a toda costa (que se lo digan a Jack Bauer…), sino que su problema es más interno, de carácter quasi-filosófico. En fin, que se ha convertido en un dramón pastelero, con síntomas que atufan a suicidio implacable.
Las carcajadas que antes provocaban las irrisorias situaciones vividas por Paco y sus hombres han sido sustituidas por bostezos, llantinas y otras sensaciones difícilmente descriptibles con palabras, aunque desgraciadamente todas desembocan en la decepción. Digamos que, con su giro radical, la producción ha mutado en una telenovela made in Colombia, solo que en ésta nadie se llama Carlos Alfredo ni los glúteos de sus protagonistas femeninas están tan morenitos ni tan tersos. Además, se aprecia una ligera y penosa tendencia a imitar series yankis. ¿Qué hacen Povedilla y Lucas tanto tiempo en la cárcel para su misión? ¿Y por qué cojones tienen que quedarse ahora a defender al comisario? Esto no es Prison Break, cada uno a lo suyo. Dudo si esta involución estará ligada a la impericia de los guionistas, cosa que me extrañaría echando un vistazo a los primeros capítulos de la serie y sus datos de audiencia, aunque lo que realmente demuestra es que el humor español está desapareciendo. ¡Ay, qué habrá sido de los clásicos humoristas que nos deleitaban con sus sketches y su salero propio! Ahora todo es humor inteligente, sátiro, verde, censurado, premeditado, irónico, racial, sarcástico o envenenado. ¡Queremos más humor estúpido, absurdo y sin sentido alguno! Si la fórmula funcionaba… ¿Para qué cambiarla? ¡Como esto siga así, ya sólo nos quedarán el jamón y las sevillanas! December 18 Somos como niños
Los problemas y rompecabezas llegan con la madurez. A partir de ese mismo momento en el que uno es consciente de que existe vida más allá de la videoconsola, de los primeros cigarritos a escondidas en los baños del colegio, de las mañanas con Goku y las noches en que la una de la madrugada era una hora prohibida. Sí, existe vida más adelante, pero muchos desearán estancarse en esa etapa y continuar creciendo, desarrollando el intelecto pero huyendo de las responsabilidades. Son como niños.
Esos puñeteros niños que, con sonrisa perpetua y carentes de juicios morales, inundan los parques y se convierten en torbellinos allá por donde pasan. Todo el mundo les respeta: “Son niños”, piensan los abuelos. “Qué monos”, chismorrean los padres. Y entre ellos no existe lo que a estas alturas llamamos crítica, sino un vacile risueño e infantil que se gesta sólo para motivar a los presentes, nunca con maldad.
Esos malditos niños que únicamente ríen, comen y duermen. Son sus tres pilares básicos de supervivencia. No existe posibilidad alguna de que imaginen cuál será su futuro, qué consecuencias provocarán con sus actos y sus inconscientes puestas en evidencia y cuáles son sus auténticos deseos. Aunque se ha comprobado que éstos cambian cada pocos segundos, como caprichos efímeros que nacen, mueren y también comen.
Son esos niños los que despiertan la envidia de los mayores, de los que ya han topado con la realidad de los huracanes adultos. Por suerte o por desgracia, los niños se mantienen al margen de este asunto y gozan plenamente de su salud, si las heridas del añorado fútbol en el recreo lo permiten. Para ellos el universo disfruta de una plácida armonía que gira en torno a la televisión y a los videojuegos, principales orígenes de su diversión personal.
Esos entrañables niños… cuántas cosas tienen que les hacen felices sin ninguna preocupación. En el fondo, no son sólo unos pocos los que añoran su irresponsabilidad. Todos llevamos algo de Peter Pan dentro. November 26 [REC] o la cafeína cinematográficapor Christian Rubio
Cuando se cumplen las expectativas que un cinéfilo tenía depositadas sobre una película, en el mismo momento en el que llegan los créditos y queda extasiado le da igual el resto del universo. En su cabeza relampaguean constantemente imágenes del film, sus escenas cumbre, sus diálogos más simbólicos. Si a este bombardeo de fotogramas mentales le inyectamos una dosis desproporcionada de terror y angustia obtenemos la noche después de ver [REC], ese producto que conmocionó a la audiencia en el Festival de Sitges e hizo apartar la mirada de la pantalla a más de uno.
Si en sus diez primeros minutos [REC] da la sensación de que vaya a convertirse en una hora y media de tedio, durante el resto de la película borra de un plumazo las caras de decepción de aquellos que ya se arrepentían de haberse dejado un puñado de euros en semejante bodrio. “Joder, acabo de desperdiciar 7 cañas”, pensarían muchos. Pero lo que no tenían en cuenta era una ley natural que reza que no se debe subestimar aquello que uno desconoce, o acabará por venirle demasiado grande. Así se sucedió la película, con un tono ascendente que desemboca en veinte minutos finales de auténtico pavor.
Pero vayamos por partes. Ángela, periodista de un canal de televisión local, y su compañero Pablo como cámara se encuentran realizando un reportaje sobre el cuerpo de bomberos de Barcelona. La noche transcurre tranquila y aburrida hasta que una llamada les lleva a un edificio en el corazón de la ciudad, donde descubren las quejas de una comunidad de vecinos por los chillidos de una anciana en el segundo piso… y comienza el minuto 11. Y con él llega la oscuridad, los giros de cámara asfixiantes, los gritos, los mordiscos y los respingos. Los pitillos que se estaban fumando los quinquis de la última fila se apagan con un gemido ahogado. “Que no me vea la novia”, pensarían ahora. Pero ya era tarde, se habían sentado y respiraban, se habían convertido en un espectador más, susceptible de no dormir esa noche por la conmoción.
Porque si algo hay que destacar de [REC] es, sin duda, el agobio y la claustrofobia que transmite. Los personajes son enormemente creíbles y cualquiera estaría familiarizado con ellos: Un argentino excéntrico, una pareja de abueletes con ligera chochera, una familia china que no sabe prácticamente nada del castellano… En fin, la historia podría desarrollarse en nuestro bloque de al lado. Además, el edificio ya de por sí es tétrico, antiguo y que invita a no alquilar jamás una habitación en él. Todos los factores se orquestan fabulosamente, incluso tendrán el poder de sugestionarnos hasta tal punto que nos convertiremos en propios actores, mordiendo a nuestro vecino de butaca en medio de un aullido o clavándole las uñas hasta el cúbito.
Los efectos de luz, a diferencia de Holocausto Caníbal y El proyecto de la Bruja de Blair (precursores del cine de terror en perspectiva de primera persona), son sublimes y siempre en su justa medida. Los planos no son ni descaradamente oscuros como para dejar implícita la tensión del momento ni excesivamente iluminados para no mostrar los posibles deslices en el maquillaje. Los sobresaltos serán una constante y en ningún momento sabremos cuándo daremos el bote de manera exacta, lo que le da un toque permanente de emoción o de intranquilidad, según se vea.
En definitiva, [REC] se ha consagrado como la mejor película de terror española de todos los tiempos y poco, muy poco, le falta para alcanzar el oro a escala mundial. Parecerá una exageración, pero todo es cuestión de gustos e impresiones. Su soplo de aire fresco al género, que bien lo necesitaba, y la perfecta interpretación de su plantilla de actores lo dota de unos rasgos soberbios. Tanto es así que su guión se ha convertido en carne de cañón en el mercado cinematográfico. Hollywood ya ha comprado sus derechos para hacer un remake (cuyo nombre será Quarantined) y los asiáticos apostaría el tabaco de un mes a que se lo están pensando. Olé, olé y olé. November 14 Una fuga con Scofield
En un mundo desgarbado y aniquilado por la santurronería de lo débiles, siempre viene bien llevar encima un Michael Scofield. De esos chiquitines, como si fuera un pokémon, para poder usarlo cuando creamos necesario. Que me perdone Wentworth Miller, no soy homosexual (Sorry man, I like women), sólo necesito para sobrevivir una cabecita pensante como la suya, con ingenio ilimitado y una templanza que roza la arrogancia subliminal. ¿Me la prestas, amigo, me permites tenerte como mascota?
Pero supongo que el pobre Went no tiene la culpa de ser así. Salió de las calles y entró en la sucia cárcel para salvar a su hermano, injustamente condenado por un crimen que no cometió, tatuado hasta la faringe y repleto de ideas. El plan era sencillo: escapar. No requería nada más que su jugoso cerebro para culminarlo, porque todo el entramado ya estaba tejido en su materia gris. Ahí se encuentra el secreto de su éxito, en la capacidad para razonar y amueblar las ráfagas de lucidez y perspicacia que sólo unos cuantos tienen (tenemos, por qué no). Y no es cuestión de bajarse un cursillo para aprender online, ni que un amiguete te desvele el enigma de cómo hacerlo. Se nace con ello.
El pequeño gran matiz de diferencia es que lo que él consideraba la cárcel, yo lo considero un bungalow a la orilla del mar con los tiempos que corren hoy en día. Se ha dado rienda suelta al desenfreno de la estupidez y la ignorancia, esas aptitudes tan vitales para actuar con hipocresía. Bueno, en mi prisión prototipo los hipócritas no llevan traje de rayas ni una pesada bola de hierro enganchada al tobillo, pero siempre cargan con una dura condena encima, la de ser idiotas. ¡Olvidemos la cámara de gas, esto es mucho más indigno y justo!
Otros presos queman banderas y fotografías con la cara cubierta por una bufanda, supongo que alardeando su pronunciado carácter democrático. El tipo de la corona debe sentir un constante pitido en sus oídos y un “profundo orgullo y satisfacción” de la valentía y franqueza que transpira nuestro país. Supongo que rasgarse las vestiduras es algo que se inculca desde pequeño, desde el primer momento en el que alguien tira la primera piedra y esconde la mano con salero, como si fuera lo más común y atrevido.
¡Ay, Michael! ¡Quién te llevara en el bolsillo de los pantalones! Aquí la situación es cada vez más irrisoria y recalcitrante, y los presos confían en que tienen barra libre para cometer sus fechorías. Muchos de ellos apuñalan por la espalda y después silban con indiferencia, sin el suficiente pudor como para mirar a los ojos tras hacerlo ni tan siquiera enviar un e-mail más tarde. Y ya no sólo son los oscuros callejones los lugares idóneos para ello, sino que se ha abierto el abanico de posibilidades y ocurre frecuentemente en discotecas, parques, la casa de la novia, la del novio, comidas familiares, botellones… ¡Nos desbordan las cárceles, my friend!
Por eso ven conmigo y tráete tu cabeza contigo, tráete tus ganzúas y tus golpes de agudeza. Tatúate un mapa más grande y escapémonos de este antro, que el aire está ya demasiado cargado. ¿No te parece que estas lindezas populares ya nos están consumiendo, devorando nuestro preciado y sabroso cerebro? ¡Sacre bleu, bendito ostracismo!
PD: Allá donde nos fuguemos… ¿Habrá banderas? ¿Habrá reyes? ¿Tal vez mujeres psicópatas o botarates inútiles? Pero sobre todo… ¿Habrá alguien a quien mandar callar? October 07 Día de basket
Era día de basket, y se notaba. Vaya si se notaba. Los pájaros cantaban, las nubes se levantaban y la euforia se contagiaba como un virus benigno y dulce, con síntomas de excitación previa al partido. Después se comprobaría que la enfermedad no mató al gigante sino que le hizo más fuerte, más pasional, más efectivo y enormemente familiarizado con sus armas, como si llevara toda la vida con ellas. Nosotros no nacimos con una barra de pan bajo el brazo, nacimos con magia en la muñeca, conejos blancos sin chistera, para qué, no nos hace falta. Vaya si se notaba.
Y a las 5 y pico de la tarde, el Sol salió únicamente para vernos jugar, quizás también febril, cansado de estar oculto y esperando su momento, el amigo tiene mucho afán de protagonismo. Así que nos envió sus rayos a la facultad de Montes, paraje donde actuaba el gigantesco mago de aptitudes innatas, colorada vestimenta y actitud melódica, casi divina. Pero los dioses esta vez no hicieron falta, más que nada porque esta vez eran ellos los que debían rezar por nuestra bendición, de cualidades perennes y que asfixia a los impíos.
Tanto es así, que el policía número 5 (Cortocircuito no, su número de la camiseta) asistió incrédulo al acto: introducción, nudo y desenlace de enojos cósmicos, subiendo muy alto y bajando excesivamente rápido. Era la cólera de una víctima que se disparó al pie al rodearse de cómplices ajenos al asunto, supongo que creyendo que nosotros íbamos a jugar al mus, aunque el resultado hubiera sido el mismo. Quintanas aparte (se nota donde estaba la calidad), el equipo rival duró 10 minutos, es decir, un refresco en el McDonalds o un intermedio de Antena 3. Eso logró aguantar.
El arreón inicial no hizo más que deshincharse cuando se terminó de engrasar la maquinaria. A estas alturas, todos los integrantes del hercúleo Unipaja de la Villa ya habían tomado nota de la función, por lo que arrancar no fue excesivamente complicado. Está claro que lo bueno se hace esperar, no sé si esta teoría funcionará en las citas a ciegas o en la búsqueda de nuestra media naranja, pero en esta ocasión sí se cumplió. A los quince minutos, era caperucita la que se zampó a la abuelita y el lobo el que llevaba morcillas en su cesta. Unipaja tenía la boca más grande y los colmillos más afilados, no podía ser otro que el protagonista de esta historia.
Daba absolutamente lo mismo quien pisara el campo. Allá donde plantara un pie cualquier unipajero, hoy ha crecido la hierba. Y seguro que amapolas. Porque el dominio táctico fue aplastante y la hermandad del equipo total, se ve que todos nadamos en el mismo líquido amniótico. No sabemos lo que significan las palabras entrenamiento ni concentración, de qué sirve mojar pan si nosotros somos la salsa. Tal fue la soltura que nos atrevíamos a tirar triples con brío y valentía, con la premisa de que el espectáculo llega cuando los grandes se recrean con su juego.
Y entre exabruptos de los rivales (no llegué a comprender de qué se quejaban), animadoras mudas y litros de sudor, Unipaja de la Villa se metió el partido en el bolsillo, acomodándolo entre algodones y conejos blancos. Intranscendentales fueron los últimos quince puntos del encuentro, que prácticamente les regalamos por condescendencia o por agotamiento, nunca se sabrá de cara al público.
Era día de basket, y se notaba. La temporada aún no ha comenzado y ya vendemos varitas con nuestros nombres estampados en ellas. Y la magia no se agota ni se desinfla como la paciencia de nuestros rivales. Es eterna. |
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