![]() |
|
Spaces home El Rincón MagníficoPhotosProfileFriendsMore ![]() | ![]() |
|
El Rincón MagníficoTinta Crítica
July 12 Tormento
Ya me lo han dicho en bastantes ocasiones (la última hace escasas horas) y sigo sin hacer caso. Me he equivocado de profesión, sentencian. Yo permanezco impertérrito, por lo menos aún. Pero cuando uno tiene tiempo para reflexionar en estado de relajación, tumbado en la cama vamos, comienzan las llamadas “voces del tormento”, algo así como una batería de cavilaciones nada alentadoras. No hay más que ver que todas las chicas de OT cuyas voces no dan ni para formar parte del infame Al pie de la letra, ya se han despojado de sus ropas en Interviú y se han embolsado un buen taco para sus vacaciones veraniegas.
Esto no es algo nuevo, pero las voces del tormento son cada vez más graves y lúgubres. Y es que ya se apuntan a la sesión fotográfico-lasciva las de Gran Hermano, las políticas, las cantantes, las árbitros de fútbol, las nadadoras profesionales, las vedettes de los 70, las modelos fracasadas, las modelos de millonettis, las militares, las actrices deplorables… una infinidad ya saben cuál es el valor de sus carnes, y no es precisamente un módico precio.
Pero posar en las revistas tal y como vinimos al mundo necesita que los demás, pobres corderos degollados esclavos de la lujuria, compren esas publicaciones. Aunque bueno, potencialmente están adquiriendo una prueba fehaciente de que el Photoshop funciona, con errores catastróficos en la mayoría de los casos y justificando que aunque a muchas monas las vistan de seda, gorilas se quedan. ¿Será un error el ser periodista? ¿Es más fácil someterse en pelotas a la tiranía de la opinión pública para sacarse los cuartos? ¿Y agacharse debajo de la mesa del jefe?
No sé las respuestas a las preguntas del tormento, pero las voces angustian más que aquellos agoreros de los que hablaba al principio. De hecho, yo ya me estoy planteando ponerme pechos, quitarme el miembro y saltar a la palestra del casposeo de los 2 rombos. July 11 Engaño
Con franqueza diré: Nos están engañando. Así de fácil es decirlo, lástima que sea tan complicado de digerir. Primero leo por ahí que el cine español ha recaudado este semestre el doble en taquilla que el año pasado durante el mismo periodo. Hasta ahí vale. Pero veamos las películas: Mortadelo y Filemón: Misión salvar la Tierra, 7,7 millones de espectadores. Sería perfecto si no fuera porque todos esos espectadores se tiraron de los pelos a la salida del cine tras haber tirado 6 euros a la basura. Los crímenes de Oxford, 8 millones y pico. Según su ficha es una coproducción de… ¡3 países! Pero Dios me libre de mancillar el sagrado nombre de Álex de la Iglesia. Aún así la noticia no sé que pretenderá, no se puede resucitar a los muertos y nuestro cine ya disfrutó hace mucho de su sepelio, algo cutre por cierto.
Pero esto no tiene nada que ver con el asunto de hoy, sólo es algo que necesitaba destacar. Lo que sí interesa es el engaño, ese concepto tan sutil y tan patógeno para los feligreses. Muchas veces es un auténtico honor tratar con un embaucador profesional, por su capacidad para fascinarnos con sus historias y su enorme facilidad para creerse sus propias mentiras. Pero hay que tomárselo con filosofía, imaginando por ejemplo que estamos asistiendo a una obra de teatro callejera.
El engaño es como eructar ruidosamente en un restaurante. Todo el mundo puede hacerlo, pero es políticamente incorrecto. Sin embargo, los gases del estómago son muy traicioneros y les gusta hacernos creer que pueden hacernos reventar si no los expulsamos. Así que uno decide, o revienta o comete un acto impuro. El engañar es una necesidad biológica, un puro trámite de los propósitos. Y es algo que puede llegar a convertirse en parapeto o en bayoneta, según el don de gentes de cada uno.
Fe de erratas: El cine español sí puede resucitar, y sin ningún tipo de ritual macabro. No hay más que grabar el día a día de los vendedores de humo que nos encontramos tras el telón. Yo lo financiaría, desde luego. El problema es que nosotros mismos podemos convertirnos en los protagonistas. July 09 Estrógenos
La especie femenina siempre ha sabido sobrevivir a su entorno. Ya fuera por debilidad de sus adversarios como por picardía propia, lo mismo da, el fin siempre justifica los medios. Y es que ellas se esconden y golpean como un púgil novato, tímido con los puños pero sorprendente en sus estrategias. No es fácil cansar al otro y vencer en la batalla psicológica, cuando el público bosteza, cuando el árbitro no mira, cuando se va la luz en el cuadrilátero. Cuando menos te lo esperas.
Digamos que sus armas son las mismas que las del mosquito. Un puñal y un zumbido. El zumbido avisa de que viene, pero el picotazo siempre molesta después. La picadura no acepta paliativos y no distingue de víctimas, no importa cuánto logres evitarla, siempre llega alguna. Y será cuando esa mosquito quiera, no cuando estemos con el insecticida preparado. Es prácticamente imposible salir airoso de un encontronazo con una de ellas, porque sus artimañas para la supervivencia son dignas de elogio.
Debe ser algo de los estrógenos lo que nos hace a los hombres seres inferiores. Por fuerza de voluntad, por dejarnos llevar por la corriente, por nadar contra ella, por buscar demasiadas excusas cuando los mosquitos no las toleran. Ellos vuelan y atacan unilateralmente, no necesitan huestes ni peones para vencer. Hay que emular su astucia y actuar pensando en el siguiente movimiento, sin preocuparse del qué dirán, del cuándo lo dirán, del porqué.
Son tantas las razones por las que nos acabaremos extinguiendo, sexuales o no, que me he construido mi propia trinchera de papel, me convertiré en un auténtico ermitaño de las letras. Siempre he dicho que el ser humano se encuentra en un proceso gradual de desaparición, y no me equivocaba: Los mosquitos dominarán el universo. Ciclos
En medio de la algarabía popular por los éxitos del deporte español, las mentes inquietas nos planteamos una serie de dudas existenciales. ¿Formará esto parte de alguna estratagema política para unir al país? ¿Por qué dice más de uno que gritar el vivaespaña está sólo bien visto en los periodos de bonanza deportiva? ¿Cuándo es la fecha de caducidad del lema Podemos? ¿Se regenerará la economía por estos triunfos? Son muchas las preguntas y variopintas las respuestas, aunque por suerte a la mayoría no interesan demasiado.
Desgraciadamente, la vida nos envuelve con sus ciclos. Los que perdieron la memoria por golpe, despiste o falta de ganas, ya no recuerdan aquellos momentos de crítica general, donde la lluvia de insultos ahogaba a los que hoy son ídolos de masas. Ayer eran un atajo de inútiles, una panda de vagos y maleantes, un grupillo de acabaos. Resulta curioso comprobar hasta dónde llega la bajada de pantalones de la afición, tan aburrida de los fracasos que un solo triunfo mitifica a los repudiados.
Pero resulta aún más cómico que nadie se haya dado cuenta de este asunto, o que nadie haya querido resaltarlo, todo es posible, el espanto ya no me duele. Ni hace un año eran tan malos ni hoy son tan buenos. Ahora las encuestas corroboran este giro brusco de opinión. Nuestra selección de fútbol ahora derrocha magia, sienten la roja con una pasión envidiable, juegan como un bloque unido y compacto, se merecen lo que cobran… en fin, todas esas cosas que censurábamos de los jugadores y que hoy se han transformado por completo.
Pero la metamorfosis es un proceso lento y costoso, y requiere un mimo demasiado especial como para tomárselo a la ligera. Racha magnífica, época dorada, sí, lo que quieran, pero nada es eterno. Lo que sí debe ser constante es el baremo a la hora de juzgar. April 14 En un lugar de la cancha
En un lugar de la cancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, No ha mucho tiempo que la magia murió en empeño. Nació el sueño y voló la pasta, malgasta la casta el rival más fuerte, la magia sudaba, Calaba de improperios los pitidos absurdos, Secuestraba a los kurdos entre sus propias montañas, Les quitaba las legañas a base de puntos en las brechas, Les abría la cabeza bajo el grito de Unipaja. Eran quince los hidalgos de los de lanza en astillero, Eran quince perros perdigueros, la mitad de treinta amantes, Demasiados gigantes para tan pocos molinos, maldijeron. Se metían en las grescas los abuelos, despotricaban, Arrullaban entre ellos: “Malditos unipajeros, Tan dispares, tan enanos, tan poco ruido y tantas nueces.”
En un lugar de la cancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, No ha mucho tiempo que la magia murió entre copas. Se lavó la ropa y se tendió el sueño, soñando con otro año bien parido, con siete meses de ladridos, Cuatrocientas canastas con sus respectivas jugadas, Setecientas citas en la Villa, mil cervezas en el chino, Otro gusanito lanzado por el presi, más abuelos, Menos pelo en pecho y más cachorras en las gradas. Las hadas y los carteles anuncian: “Los héroes del Unipaja, Llegaron, vieron, vencieron y volverán más recios.” Necios aquellos que piensen lo contrario, Conocerán nuestras andanzas hasta en el extrarradio, Vendrán más dulcineas y todos nuestros sanchos, Para que a lo ancho del globo relaten nuestras proezas. February 27 La jauría de perras del hortelano
Cuenta la leyenda la existencia de una manada de perras adiestradas para el incordio malsano y malparido, con tensas miradas y fauces babeantes de resquemor voluble y frívolo que quemaba cual ácido de laboratorio. La jauría de canes avanzaba en grupo, como astutos velociraptores entrenados para la caza, porque precisamente eso era lo que hacían, gruñir, morder y cazar, en ese orden. Podían también ir solas pero siempre se detectaban unas a otras husmeando el aire, hinchando la vena aorta por presión y rugiendo ferozmente. Era su modo de aullar y de orinar en las esquinas, su manera de marcar el territorio y ampliarlo a su antojo. Como si el terreno y todo lo que hay en él, tuviera vida o no, fuera gratuito y frágil. Eran las perras del hortelano.
Cuenta un amigo que un día pudo ver a las perras del hortelano. “Eran muchas”, me juró, casi entre lágrimas. “Y daban miedo”. A decir verdad no le creí, eran sólo una leyenda contada en voz baja entre los pastores más ancianos de la comarca. Pero ahí estaban las lágrimas de mi pequeño compadre, artístico vendedor de humo pero justo y poético en sus franquezas. “Me miraban con rabia, sentía que me odiaban. Y babeaban”. Me llamó por el móvil y entre birras se desahogó. Realmente no sabía que decirle, puesto que yo nunca las había visto, así que me limité a darle la razón como a los locos.
Pasó un tiempo y pasaron dos. La comarca florecía entre algodones y los ancianos acumulaban años, fragmentos empíricos de altibajos emocionales cíclicos. Algunos despertaban cada mañana en una cama diferente, otros se enamoraban y arruinaban su vida por desesperación. Los más bravucones se endurecieron como el cuarzo y los más románticos sollozaban a la sombra de una higuera por los amores perdidos. Todo era normal, podría decirse que incluso bello. Pero la leyenda se disparó de nuevo como un obús del cuarenta y siete cuando varios ancianos comentaron en su círculo de amistades que habían visto varias sombras merodear la comarca. Sombras con un aura malvada y carnívora, si es que tal adjetivo puede servir para describir semejante fulgor.
Dormía yo plácidamente cuando recibí una llamada. Mi amigo quería tomar unas birras en su casa, lo que implicaba una nueva charla. Acudí presto a la cita y, en la lejanía, pude observar horrorizado como una cuadrilla de animales rodeaban su edificio, acechándolo mientras rugían con furia y un recelo mezquino que apestaba a la legua. Pero en esta ocasión el tipo sonreía en la ventana. “¡Ya no las tengo miedo!” gritó. Besó una fotografía colgada cuidadosamente en el alféizar y, de la nada, sacó una recortada con un cañón largo y reluciente. Apuntó con cuidado y le voló la cabeza a cada una de aquellas criaturas, que aún decapitadas agujerearon el suelo con su sangre avinagrada y corrosiva. La leyenda de las perras del hortelano había muerto. Ya nadie gruñía, ni mordía, ni cazaba, porque a todos los ancianos les daba igual. El miedo estaba enterrado y nació una nueva justicia poética: la de la foto y la recortada. January 25 Los hombres de Paco y su involución
Casi novecientos días después de su estreno, con más de cincuenta episodios a sus espaldas y un elenco de actores que se antoja exquisitamente cómico, los compinches de Paco Tous (bueno, sus guionistas) han decido tirar por la borda todo el esfuerzo empleado para convertirse en líderes de audiencia en el prime time del día de su emisión. De nada sirve que Michelle Jenner siga siendo la “lolita de la tele” y que Hugo Silva continúe desatando suspiros sexuales entre las adolescentes, ya no son incentivos suficientes para imantar a su audiencia y la muerte se aproxima. Ya se huele la putrefacción incluso antes de la descomposición, cosa mala para los aristócratas fieles a la serie.
Sentencian los sabios teleadictos que la excelencia de una serie no es perpetua, se marchita con el paso del tiempo y su trayectoria es en espiral, como si su destino estuviera irremediablemente avocado al fracaso. Esto puede darse, por ejemplo, cuando el guión se repite hasta la saciedad y hastía a los espectadores, cuyo número irá disminuyendo poco a poco en proporción a su nivel de hartura. Pero éste no es el caso de la serie de Antena 3, especialista en inmolar productos para alcanzar el éxito a toda costa (que se lo digan a Jack Bauer…), sino que su problema es más interno, de carácter quasi-filosófico. En fin, que se ha convertido en un dramón pastelero, con síntomas que atufan a suicidio implacable.
Las carcajadas que antes provocaban las irrisorias situaciones vividas por Paco y sus hombres han sido sustituidas por bostezos, llantinas y otras sensaciones difícilmente descriptibles con palabras, aunque desgraciadamente todas desembocan en la decepción. Digamos que, con su giro radical, la producción ha mutado en una telenovela made in Colombia, solo que en ésta nadie se llama Carlos Alfredo ni los glúteos de sus protagonistas femeninas están tan morenitos ni tan tersos. Además, se aprecia una ligera y penosa tendencia a imitar series yankis. ¿Qué hacen Povedilla y Lucas tanto tiempo en la cárcel para su misión? ¿Y por qué cojones tienen que quedarse ahora a defender al comisario? Esto no es Prison Break, cada uno a lo suyo. Dudo si esta involución estará ligada a la impericia de los guionistas, cosa que me extrañaría echando un vistazo a los primeros capítulos de la serie y sus datos de audiencia, aunque lo que realmente demuestra es que el humor español está desapareciendo. ¡Ay, qué habrá sido de los clásicos humoristas que nos deleitaban con sus sketches y su salero propio! Ahora todo es humor inteligente, sátiro, verde, censurado, premeditado, irónico, racial, sarcástico o envenenado. ¡Queremos más humor estúpido, absurdo y sin sentido alguno! Si la fórmula funcionaba… ¿Para qué cambiarla? ¡Como esto siga así, ya sólo nos quedarán el jamón y las sevillanas! December 18 Somos como niños
Los problemas y rompecabezas llegan con la madurez. A partir de ese mismo momento en el que uno es consciente de que existe vida más allá de la videoconsola, de los primeros cigarritos a escondidas en los baños del colegio, de las mañanas con Goku y las noches en que la una de la madrugada era una hora prohibida. Sí, existe vida más adelante, pero muchos desearán estancarse en esa etapa y continuar creciendo, desarrollando el intelecto pero huyendo de las responsabilidades. Son como niños.
Esos puñeteros niños que, con sonrisa perpetua y carentes de juicios morales, inundan los parques y se convierten en torbellinos allá por donde pasan. Todo el mundo les respeta: “Son niños”, piensan los abuelos. “Qué monos”, chismorrean los padres. Y entre ellos no existe lo que a estas alturas llamamos crítica, sino un vacile risueño e infantil que se gesta sólo para motivar a los presentes, nunca con maldad.
Esos malditos niños que únicamente ríen, comen y duermen. Son sus tres pilares básicos de supervivencia. No existe posibilidad alguna de que imaginen cuál será su futuro, qué consecuencias provocarán con sus actos y sus inconscientes puestas en evidencia y cuáles son sus auténticos deseos. Aunque se ha comprobado que éstos cambian cada pocos segundos, como caprichos efímeros que nacen, mueren y también comen.
Son esos niños los que despiertan la envidia de los mayores, de los que ya han topado con la realidad de los huracanes adultos. Por suerte o por desgracia, los niños se mantienen al margen de este asunto y gozan plenamente de su salud, si las heridas del añorado fútbol en el recreo lo permiten. Para ellos el universo disfruta de una plácida armonía que gira en torno a la televisión y a los videojuegos, principales orígenes de su diversión personal.
Esos entrañables niños… cuántas cosas tienen que les hacen felices sin ninguna preocupación. En el fondo, no son sólo unos pocos los que añoran su irresponsabilidad. Todos llevamos algo de Peter Pan dentro. November 26 [REC] o la cafeína cinematográficapor Christian Rubio
Cuando se cumplen las expectativas que un cinéfilo tenía depositadas sobre una película, en el mismo momento en el que llegan los créditos y queda extasiado le da igual el resto del universo. En su cabeza relampaguean constantemente imágenes del film, sus escenas cumbre, sus diálogos más simbólicos. Si a este bombardeo de fotogramas mentales le inyectamos una dosis desproporcionada de terror y angustia obtenemos la noche después de ver [REC], ese producto que conmocionó a la audiencia en el Festival de Sitges e hizo apartar la mirada de la pantalla a más de uno.
Si en sus diez primeros minutos [REC] da la sensación de que vaya a convertirse en una hora y media de tedio, durante el resto de la película borra de un plumazo las caras de decepción de aquellos que ya se arrepentían de haberse dejado un puñado de euros en semejante bodrio. “Joder, acabo de desperdiciar 7 cañas”, pensarían muchos. Pero lo que no tenían en cuenta era una ley natural que reza que no se debe subestimar aquello que uno desconoce, o acabará por venirle demasiado grande. Así se sucedió la película, con un tono ascendente que desemboca en veinte minutos finales de auténtico pavor.
Pero vayamos por partes. Ángela, periodista de un canal de televisión local, y su compañero Pablo como cámara se encuentran realizando un reportaje sobre el cuerpo de bomberos de Barcelona. La noche transcurre tranquila y aburrida hasta que una llamada les lleva a un edificio en el corazón de la ciudad, donde descubren las quejas de una comunidad de vecinos por los chillidos de una anciana en el segundo piso… y comienza el minuto 11. Y con él llega la oscuridad, los giros de cámara asfixiantes, los gritos, los mordiscos y los respingos. Los pitillos que se estaban fumando los quinquis de la última fila se apagan con un gemido ahogado. “Que no me vea la novia”, pensarían ahora. Pero ya era tarde, se habían sentado y respiraban, se habían convertido en un espectador más, susceptible de no dormir esa noche por la conmoción.
Porque si algo hay que destacar de [REC] es, sin duda, el agobio y la claustrofobia que transmite. Los personajes son enormemente creíbles y cualquiera estaría familiarizado con ellos: Un argentino excéntrico, una pareja de abueletes con ligera chochera, una familia china que no sabe prácticamente nada del castellano… En fin, la historia pod | ||||||||||||||